viernes, 4 de abril de 2008

Secreto postal



Cabe preguntarse si el cartero quebrantó el secreto de la correspondencia, si las palabras recién escritas y depositadas en sobre cerrado en la estafeta, palabras que invitaban al desenfreno de la carne, que enumeraban los susurros precisos, los sabios pasos para el trote de unos dedos retozones sobre el cuerpo de alguna dama, habían sido mancilladas por una mirada fisgona, pero lo cierto y verdadero es que la mujer del cartero, desde aquel día, acoge inesperados, dichosos y frecuentes asaltos lascivos de su marido.

© Luis Torregrosa López, 2002.

2 comentarios:

Isa S.B dijo...

¡Excelente! Y es que en cuanto ya no se hace el trabajo con celo se pierden hasta los celos y el amor vuelve a ser pegajoso como una cinta de celo.

Luis dijo...

... y terriblemente aburrido, lo que es la peor de las paradojas.