sábado, 19 de abril de 2008

El salto



Cada uno trata sus demonios particulares lo mejor que puede. Y aquel hombre, a fe mía, lo intentó. Se deshizo de los miedos que toda la vida lo habían atenazado y, por fin, consiguió lanzarse en paracaídas desde una avioneta, confiado y seguro. Pero mientras caía a plomo, recordó haber olvidado negociar sus temores con el diablillo de la suerte, el mismo que le hacía un pícaro gesto de despedida desde la portezuela entreabierta del aeroplano agitando una tajadera.


© Luis Torregrosa López, 2002

8 comentarios:

Ramon dijo...

La suerte, diablo y ángel. Ojalá pudiese negociarse con ella. Te la encuentras, buena o mala, y se acabó. Buena historia Luis!... Buena suerte!.

Isa S.B dijo...

Mientras el diablillo no tuviera el paracaídas o un cuchillo en la mano...
A veces la vida se ríe de la suerte a carcajada limpia.
Saludos.

Luis dijo...

Gracias Ramón, la suerte es compañía que ni negociando. Véase como "desapareció" el final del relato (y su gracia) y sólo me di cuenta con el comentario de Isa. Copiar y pegar tiene estos deslices. Gracias Isa, el diablillo vino a vengarse en mi propia cara.

SOMMER dijo...

Carajo, que mal rollo. Seguro que no se le olvidará la cara del diablillo sonriendo.

Buen relato Luis. Amenazo con volver

Luis dijo...

Seguro Sommer. Bienvenido a este rincón.

Lena dijo...

jajajajajajajaja!

Gracias, Luis!

Me voy a dormir con la risa en la garganta y la sonrisa en los labios después de n fin de semana infernal.

Qué buen texto.

Letras así me reconcilian con todo.

un beso

Paco dijo...

todo un microrelato, es afcil de imaginar una situacion asi....

buena imagen de acompañamiento.


saludos

Luis dijo...

Lena, me alegra saber que ofrecí la sonrisa antes del descanso. Gracias paco por tus comentarios.