domingo, 13 de abril de 2008

Impulso adolescente


Al salir del colegio apretó la marcha entre el gentío con la mirada puesta en llegar cuanto antes. Sabía que el tiempo del que disponía era escaso y aún pudo acelerar más el paso. Entre los edificios descubrió con facilidad al que se dirigía. Tenia la resolución tomada y nada ni nadie iba a cambiarla. Franquearía el portal, subiría y se dejaría acariciar por aquel hombre mucho mayor que ella. Pero al llegar a la entrada de la finca, el joven conserje la retuvo primero, la lisonjeó después y como en un suspiro ella olvidó para siempre el destino de sus pasos. En el tercer piso, Vladimir aguardaba ya sin esperanza. Se inflamó de melancolía y terminó por exudar su más brillante obra: Lolita.
© Luis Torregrosa López, 2007.

4 comentarios:

ISB dijo...

A veces los desvíos trazan el mejor camino (aunque no lo parezca). Quizá porque como decía Nabokov 'las estrellas no tienen su verdadero reflejo más que a través de las lágrimas'.
Saludos

Ramon dijo...

Impecable el relato, acompañado de una imagen impactante. Te felicito!

Luis dijo...

Isa, en este caso para todos; sin desengaño, ¿quién escribe sobre el amor? Un abrazo.

Luis dijo...

Ramón, demasiado generoso. Gracias, sigo relamiéndome con tus fotopinturas.