
Aquella mañana, como si el cielo se desplomara de repente, sintió el dolor por las muertes de tantos amigos y el peso de las cosas que sabía debía albergar su memoria y no recordaba. Percibió por vez primera que algunos hechos confusos del pasado se distanciaban y embellecían, que apenas dormía y que el cuerpo reflejado en el espejo le era completamente extraño. La muerte está sobrevalorada, pensó; el acto final del drama es la vejez.
© Luis Torregrosa López, 2008.
