martes, 24 de junio de 2008

Los cuentos de Caín

(La Bible - Cain et Abel, Marc Chagall)

Cuando mi madre me llevaba en su vientre, padre le contaba cuentos extraños que producían sueños inquietos. Madre se recostaba sobre la almohada y debía escuchar las narraciones hasta que le apresaba un duermevela gris. Aquellos encantamientos que rodearon a mis primeros latidos son hoy pesadillas que me devoran en la noche; y al alba, con las primeras luces, me despierto angustiado, bañado en sudor y con miedo, mucho miedo. Pero tengo el consuelo de mi madre que cada mañana, cuando me oye sollozar, me atiende solícita y tierna.

—No te apures, mi niño. Padre ya murió.


Ciudadanos de ficticia: autores de México, Argentina, Colombia y España.
México : Ficticia, 2001. ISBN: 9685382026

© Luis Torregrosa López, 2001.

8 comentarios:

Isa S.B dijo...

Las madres siempre tienen la mejor solución ¿o no?
Muy bueno el juego entrelíneas.
Un abrazo.

Veronika dijo...

Lo que escribes siempre tiene un efecto perturbador, inquietante... Más aún porque no lo haces de forma abrupta, sino que siembras las palabras bajo la piel del lector de manera tal que broten cuando llega el punto final.
Te seguiré leyendo aunque me quites mucho del poco sosiego que me queda.;)
Saludos!

Ramon dijo...

Imposible la indiferencia ante un texto tuyo. Es muy dificil mantener la tensión narrativa que tu consigues en tan pocas líneas. Un verdadero placer leerte.
Gracias.

Isabel Romana dijo...

Hay en la crueldad latente de tu relato un sabor de realidad muy intenso. A veces, no sabemos por qué, los padres odian a sus hijos hasta el punto de desear destruirlos. Me ha conmovido esta historia, narrada con tanta precisión y economía de palabras. Saludos cordiales.

Luis dijo...

Isa, las madres son protectoras y los cachorros intocables. Un beso.

Luis dijo...

Veronika, lejos de mi quitarte el sosiego. Con más o menos fortuna señalo aquello que nos/me pasa desapercibido. Hay otra mirada sobre lo cotidiano. Un abrazo.

Luis dijo...

Ramón, es un regalo que me digas que mantengo la tensión. En ocasiones, me decís que lo consigo y en ello va mi gratitud.

Luis dijo...

Isabel Romana, es posible que mire la realidad de otra manera. No es oro todo lo que reluce. O mejor, podría no serlo. Un abrazo.