
De todos es sabido que los eunucos son hombres castrados, mutilados, y que con ello garantizan los sultanes que sus mujeres recibimos el mejor de los servicios domésticos sin correr riesgos de aventuras sexuales. A mi siempre me ha resultado cruel la imagen del eunuco, privado de su sexualidad y condenado para siempre a vivir a las puertas del placer, viendo mujeres rebosantes de belleza en la intimidad de la alcoba sin poder sentir por ellas hervir la sangre.
Y sin embargo, allí estaba, frente a mí, escondido tras el enrejado, el eunuco más viejo de los que mi señor dispuso para distraerme, masturbándose.
(c) Luis G. Torregrosa López, 2001.