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Dejó sobre la mesa el libro que lo acompañaba, abandonó el cuaderno de notas en el anaquel del murete interior y se asomó a la ventana para mirar la lluvia que se apresuraba, otra tormenta de verano metida en septiembre, mientras los estorninos llegaban a ocupar los tejados, las vides se encendían y una ráfaga de aire nuevo brindaba en el valle por el otoño que se adivinaba.
© Luis Torregrosa López, 2008.